Entre no poder volver, y no saber irnos.
Y está uno ahí parado frente a esa terrible pero inevitable encrucijada a la que se llega siempre: no poder volver y no saber irnos. El olvido, como decía Neruda, dura mucho más que el amor, y yo también lo creo. Es como las cicatrices que permanecen años aunque las heridas hayan estado abiertas pocos días. Pero de eso se trata querer, de estar dispuesto a la cicatriz que deja y de llevarla como otra evidencia de que estuvimos vivos y nos atrevimiento a todo. No importa cuántas historias hayamos sobrevivido, la que sigue también nos dolerá. Y tampoco importa que sepamos que el amor no mata, por qué igual se siente como que si. Luego pasa que uno se va haciendo a la idea de intentar querer menos y olvidar más, y se llega a cierta edad en la que la sola posibilidad de amar, causa más miedo que esperanza. He estado ahí. Sin embargo, sucede; se vuelve a sentir, vuelve a doler y se vuelve a olvidar. Y en ese aterrador proceso por el cual ya no estábamos dispuest...