Everyone wants to rule the world

 A veces me pasa que tengo mucho que decir, y las palabras me llegan de golpe. Están revoloteando en mi cabeza, pero al momento de sentarme frente al ordenador y darle forma a mis pensamientos, me atrapa el miedo. Me paraliza el hecho de no saber por donde comenzar, de expresar todo lo que siento. No me interesa ser comprendida, más sin embargo me asusta mostrar todo lo que llevo en el fondo. 

Aunque en esta ocasión lo tengo claro; y no pretendo más que dejar en tiempo y espacio, plasmado bajo este escrito el cariño que siento por ti. Dejar una constancia de la complicidad que hemos construido incluso antes de reencontrarnos de nuevo, y poder agradecer el volvernos a elegir una vez más para transitar el terreno del alma en esta vida. 

Amiga, me has visto caer muchas veces, y me has sostenido. En las caídas siempre elijo el fuego. No el que quema por destruir, sino el que transforma. A lo largo de las vidas, has sido testigo de mis desiciones en ser fiel a mi misma, incluso aunque eso me ha roto, más de una vez. Sé que no has venido a empujarme, sino a sostener el espacio cuando se me olvida lo que soy: misión, mística, palabra y voluntad. Vienes a recordarme que no tengo que cargar con todo sola, y que ser fuerte no significa cerrar el pecho. Gracias por seguir el llamado una vez más. Yo también lo sentí.

Cuando dudo, cuando el silencio me cale, sé que puedo acudir a ti, como antes, cómo siempre.

Yo te busqué sin saber, y sin embargo te reconocí. Nos reconocimos desde el instante uno, cuando llegamos a la vida una de la otra. Eres como una canción antigua que sé de memoria aunque no recuerde haberla escrito.

Gracias por no rendirte antes y tampoco hacerlo ahora, donde la libertad parece castigo. Gracias por sostener tu esencia tantas veces, incluso cuando el mundo ha intentado, cambiarte, moldearte. Por elegirte siempre, por ser bondad, por ser consuelo, cariño, cobijo, hogar. 

Si vuelvo a dudar, si me alejo, si caigo en la sombra, recuérdame con tu luz, pero no me salves: acompáñame. Porque a tu lado no necesito salvación, sólo presencia.  Tu alma me inspira. A veces, incluso me sostiene sin que lo sepas. Gracias por caminar conmigo. 

Agradezco el regalo de la confianza que existe una en la otra sin tener que probar nada. Por permitir que la cercanía no exija simetría todo el tiempo, que aveces estamos arriba y muchas otras abajo, pero siempre sosteniéndonos. Por honrar los espacios propios sin miedo a desaparecer, y sin asfixiar o invadir el espacio de la otra.

Hermana del alma, 

Nos hemos cruzado tantas veces que la memoria
del corazón te recuerda incluso antes de verte. 
Fuimos mujeres fuego, oráculo y palabra. 
Fuimos madres, amigas, maestras. En cada encuentro,
aunque distinto, elegimos seguir reconociéndonos.

Esta vida nos vuelve a cruzar no por azar, sino
porque hay algo que sólo juntas podemos 
sostener: la belleza de lo profundo, la magia que
nace en el silencio, y el arte de la transformación.

Contigo no necesito máscara. Contigo puedo llorar
con la cara lavada. Contigo se expande el sentido de lo sagrado.

Y aunque a veces dude, aunque me repliegue
en mi cueva, quiero que sepas que en el tejido
invisible del alma, ya hay un hilo dorado que nos une. 
No hay deuda. No hay carga. Solo una promesa: cuidarnos con verdad.

Gracias por aparecer, por quedarte,
por verte reflejada en mi y permitirme reflejarme en ti.

Desde siempre, para siempre.

Con cariño, 
Montse
 




Comentarios

Entradas populares de este blog

Vamos que la noche está muy atareada...

El incendio necesario

Sábado Cualquiera