Mi tristeza sigue siendo un gato...

(Desempolvando viejas letras...)

Quisiera decir que hay algo más allá

de todo esto que me abruma de momentos, 

pero no. 


El pasado siempre vuelve disfrazado, se pone máscaras,

pero sigue siendo falso e indispensable.


El mundo no deja de venirse abajo,

como una montaña que se vuelve de agua

sin que podamos anticipar su liquidez.


Sin embargo, oteamos el horizonte que, en este caso, no es futuro,

sino ansias de recuperar lo que creímos, lo que amamos,

lo que guardamos en un cajón cercano para verlo 

cada vez que la oscuridad lo amerite,  y ver un destello siquiera. 


Antes dije que lo trascendental me había hastiado.

Después, pensándolo bien, supe que uno no abandona aquello que lo atraviesa,

que no se escapa de nada que sea realmente importante. 


El problema es necesitar. Necesitar, en serio.

Saber que todo, tarde o temprano, se perdona.

Que los dolores se hacen recuerdo,  y que el recuerdo 

solo admite una sonrisa, una palmada en la espalda y un

"no importa"...frío e impersonal. 


Mi tristeza sigue siendo un gato. 

un gato al que entretengo con ovillos de palabras,

al que no miro cuando está encendido el televisor,

cuando tomo café ó cuando un hombre suda bajo mi cuerpo.


Pero cuando todo ha quedado en silencio,

cuando los ruidos y los jadeos vuelven al abismo que les es propicio,


el gato viene, rasguña mis piernas, me mira, y veo. 

Creo ver -por que no es posible- que me sonríe y maúlla. 

Lo tomo entre mis brazos, con la plena certeza

de que es hora de dedicarle tiempo. 


Agradezco su condición felina,

pues no soportaría verlo saltar, batiendo la cola

exigiendo una salida al parque ó un jugueteo,

cuando la noche es pesada y no tengo ganas de vivir, corazón. 



-Quiimera

23/11/2018

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vamos que la noche está muy atareada...

El incendio necesario

Sábado Cualquiera